viernes, julio 06, 2007

iPuke


Cumpliendo promesas de fin de año decidí empezar a ir al gimnasio, no con la idea de ponerme mamey, no hay tiempo suficiente en el resto de mi vida para esculpir este cuerpecito, no, es con la idea de posponer un ataque cardiaco patrocinado por mi adicción a burritos Crisóstomo y poder subir las escaleras de mi casa sin sentarme a medio descanso a vomitar, y no se diga andar correteando a la Pau que ya camina y no para.

Entusiasmado con la idea y tenis nuevos he empezado asistir al gimnasio del Club Campestre, que estoy seguro ahí es una puerta del tiempo u hoyo negro ya que al ingresar te remonta a la fecha de su inauguración donde las pesas eran cubetas rellenas de cemento y aparatos que no sabes si usar o tomarte una foto del recuerdo con ellos, aparte de que es el único gimnasio de la ciudad que toca canciones romanticas como José José cuando ejercitas, el punto es que asistir a un lugar como estos es pretexto para conocer mas gente y porque no hacer una bonita amistad para sumar a mi meta personal de tener un millón de amigos y así pedirles un dólar a cada uno para volverme millonario.

Pero las cosas han cambiado desde 1985 cuando fui al ultimo gimnasio, ahora solo veo gente robot, todos con sus iPod, aislados totalmente, sin siquiera saludar a nadie, solamente a lo que van y se acabo, ya no quieren mas amigos, al cabo que si quieren amigos hay los tienen en el Internet, y si son de otro país mejor, me dan pena todos con sus ojos perdidos, hipnotizados de quien sabe que música o cosas estén oyendo. Se ven ridículos con todos esos aparatos en las orejas, ojala con el sudor se electrocuten, yo por mi parte me rehúso a usar esas cosas, prefiero seguir en la búsqueda de una nueva amistad a la cual le pueda compartir mi receta para las ladillas.

...By the way, la promesa de fin de año fue del 2003