Don Pablo

Olvidando totalmente que el abolengo se hereda y no se crea, acudí a las oficinas del registro publico a cambiarme de nombre, ante la mirada aburrida del parquero después de mi larga explicación hizo el enorme esfuerzo a pesar de su pie diabetico de acompañarme hasta la entrada de el edificio y con un – aquí es donde lo pueden ayudar – entre para iniciar mi tramite y así convertirme de un día para otro en un Don Señor, en un ser admirado y respetado por la sociedad Juarenze , en donde dejaría de ser Pablito a pasar a ser Don Pablo que con solo aventar un nombre de alcurnia se abren las puertas y se dejan de pagar las cuentas de los restaurantes Montana; con mi revista Quien bajo el brazo empecé a hojearla cuando la secretaria en turno me pidió cual nombre quería agregar a mi existencia, mientras yo con el dedo índice señalaba dudosamente algunos nombres rimbombantes, su cabeza se movía lentamente en signo de negación, al final escogí el de Don Pablo M. Corcuera gente de elegancia y buen linaje, así que gustoso me forme en la fila de la caja con la frente en alto, desde ese día hubiera sido alguien, solo que cuando la cajera me indico que el tramite costaba $175.00 pesos que no traía, se me esfumaron todas las ilusiones, recordé que de nada sirve el abolengo si no tienes dinero para acompañarlo.


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