Sonidos extraños
Algunas personas tienen la suerte de despertarse con el hermoso cantar de los pajaritos, otros con las olas del mar rompiendo sobre la playa, Brad Pitt despierta frente a los labios sensuales de Angelina, yo no tengo tanta suerte, a mi últimamente me ha tocado despertar bruscamente guiado de la espantosa voz de tres pinches viejas cotorras que se ponen a platicar sentadas en una banca del parque frente a mi casa.
Puntualmente después de darle unas vueltas al parque para dizque enflacar, se les quema las habas por sentarse en la banca frente a mi ventana y ponerse a chismorrear, con la clásica voz de pito y a todo volumen, todo esto a las 7:00 a.m., cuando yo apenas voy agarrando vuelito en el sueño.
No basta con que presione con fuerza la almohada sobre mi cabeza para tratar de disuadir el ruido, tampoco me a servido rellenar mis oídos de viejos tampax y menos arrancarme la oreja como Van Gogh, al final siempre me cruza por la mente agarrar mi rifle de postas y salir en calzones a callarlas, pero después de contar hasta diez como me indico mi psiquiatra me he puesto a reflexionar, y me he dado cuenta que es imposible acabar con todos los ruidos callejeros que perturban mi sueño, así que me he resignado a vivir con distinguidas ojeras y ojitos dormilones el resto de mi vida.
Porque aparte de las viejas cotorras hay un homeless que se pasea por mi calle como a las 5:00 a.m. recolectando de los botes de basura las latas de aluminio, siempre trae unas latas apachurradas en el pie como tacón lo cual nos permite oírlo como a tres cuadras antes de que llegue a nuestro bote de basura y lo invierta, también al carrito que empuja le coloco una lata atravesada en los rayos de la bici para hacer otro sonido mas de los característicos, alternado con el homeless hay un vecino que alegremente regresa de su trabajo nocturno como a las 3:00 a.m. en su moto y siempre le acelera fuertemente frente a mi casa ocasionándome del susto pequeños infartos al miocardio e incontinencias fecales en mi pijama, hay otro vecino que lleva a sus 4 hijos a la escuela y desde las 6:30 a.m. se sube a su camioneta y les toca el claxon mientras les grita para ejercer presión y no llegar tarde, siempre llegan tarde. Mi parque por su belleza natural e inquietante oscuridad siempre atrae a diferentes grupos de jóvenes a realizar diferentes tipos de actos que todos culminan en gritos y pujidos, todo esto con funciones desde las 11:00 p.m. a 4:00 a.m.
A parte de todos estos ruidos callejeros que siempre interrumpen mi romance con Morfeo habrá que agregarle los propios sonidos extraños que emito bajo las sabanas de mi habitación a todas horas, mismos que son recibidos después de un largo silencio como intermedio con reclamos y golpes departe de Lila, contribuyendo así mas con su granito de arena a mi problema.
Puntualmente después de darle unas vueltas al parque para dizque enflacar, se les quema las habas por sentarse en la banca frente a mi ventana y ponerse a chismorrear, con la clásica voz de pito y a todo volumen, todo esto a las 7:00 a.m., cuando yo apenas voy agarrando vuelito en el sueño.No basta con que presione con fuerza la almohada sobre mi cabeza para tratar de disuadir el ruido, tampoco me a servido rellenar mis oídos de viejos tampax y menos arrancarme la oreja como Van Gogh, al final siempre me cruza por la mente agarrar mi rifle de postas y salir en calzones a callarlas, pero después de contar hasta diez como me indico mi psiquiatra me he puesto a reflexionar, y me he dado cuenta que es imposible acabar con todos los ruidos callejeros que perturban mi sueño, así que me he resignado a vivir con distinguidas ojeras y ojitos dormilones el resto de mi vida.
Porque aparte de las viejas cotorras hay un homeless que se pasea por mi calle como a las 5:00 a.m. recolectando de los botes de basura las latas de aluminio, siempre trae unas latas apachurradas en el pie como tacón lo cual nos permite oírlo como a tres cuadras antes de que llegue a nuestro bote de basura y lo invierta, también al carrito que empuja le coloco una lata atravesada en los rayos de la bici para hacer otro sonido mas de los característicos, alternado con el homeless hay un vecino que alegremente regresa de su trabajo nocturno como a las 3:00 a.m. en su moto y siempre le acelera fuertemente frente a mi casa ocasionándome del susto pequeños infartos al miocardio e incontinencias fecales en mi pijama, hay otro vecino que lleva a sus 4 hijos a la escuela y desde las 6:30 a.m. se sube a su camioneta y les toca el claxon mientras les grita para ejercer presión y no llegar tarde, siempre llegan tarde. Mi parque por su belleza natural e inquietante oscuridad siempre atrae a diferentes grupos de jóvenes a realizar diferentes tipos de actos que todos culminan en gritos y pujidos, todo esto con funciones desde las 11:00 p.m. a 4:00 a.m.
A parte de todos estos ruidos callejeros que siempre interrumpen mi romance con Morfeo habrá que agregarle los propios sonidos extraños que emito bajo las sabanas de mi habitación a todas horas, mismos que son recibidos después de un largo silencio como intermedio con reclamos y golpes departe de Lila, contribuyendo así mas con su granito de arena a mi problema.


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