Jalowin
Como se ha hecho costumbre, otra vez las calles del exclusivo fraccionamiento El Campestre se volvieron a inundar de niños humildes en busca de su Jalowin, esta asquerosa tradición Americana que ha permeado a nuestra sociedad mexicana con el engaño de obtener dulces gratis a cambio de un disfraz cuando realmente es abrirle la puerta a la veneración de Satanás, orilla a que desde temprana hora empiecen a llegar cientos de carros fronterizos, unos Onapafas, otros sin placas, varias trocas de redilas hasta el tope de gente, y dos que tres ruteras también bien cargadas de raza en busca de su Jalowin.
Al grito de ¡Queremos Jalowin! de lejitos parecía que todos iban disfrazados de cantinflas con su ya conocida ropa sucia y desgarrada, pero no, esa noche la imaginación de los pobres les daba para mas, por ahí andaba el niño que lleva ya 6 años con su apestosa mascara de Jason, y el vampiro que se le nota que ya van 4 veces que le bajan la bastilla a su capa, también andaba ahí al que su mama solo le pone pequitas y dice que va del chavo del ocho, el que todo su disfraz son unos dientes de plástico de drácula, el que le pidió la venda de los pies a la abuelita para ponérsela alrededor de la cara para simular una momia, los adolescentes que tratan de esconder su temprana homosexualidad y aprovechan para disfrazarse de mujer, el niño que le ponen una mascara de luchador que a estado en la familia por varias generaciones, la niña que visten y pintan de cabaretera para que crezca como su mama, claro no faltaban los abusonzotes de 20 años disfrazados de cholos pidiendo su Jalowin.
Nomás se les veía a todos corriendo de un lado a otro con sus bolsas de plástico de Soriana esperando llenarlas de dulces y volverse a formar en las mismas casas.
No cabe duda que Halloween es época de miedo, ver tanta pobreza en México realmente me aterra.
Al grito de ¡Queremos Jalowin! de lejitos parecía que todos iban disfrazados de cantinflas con su ya conocida ropa sucia y desgarrada, pero no, esa noche la imaginación de los pobres les daba para mas, por ahí andaba el niño que lleva ya 6 años con su apestosa mascara de Jason, y el vampiro que se le nota que ya van 4 veces que le bajan la bastilla a su capa, también andaba ahí al que su mama solo le pone pequitas y dice que va del chavo del ocho, el que todo su disfraz son unos dientes de plástico de drácula, el que le pidió la venda de los pies a la abuelita para ponérsela alrededor de la cara para simular una momia, los adolescentes que tratan de esconder su temprana homosexualidad y aprovechan para disfrazarse de mujer, el niño que le ponen una mascara de luchador que a estado en la familia por varias generaciones, la niña que visten y pintan de cabaretera para que crezca como su mama, claro no faltaban los abusonzotes de 20 años disfrazados de cholos pidiendo su Jalowin.
Nomás se les veía a todos corriendo de un lado a otro con sus bolsas de plástico de Soriana esperando llenarlas de dulces y volverse a formar en las mismas casas.
No cabe duda que Halloween es época de miedo, ver tanta pobreza en México realmente me aterra.


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